Por el Piter López
Introducción
“No es clase, es confesión. No es método… es barrio.”
por El Piter
¿Qué transita por sus venas?
Si estás leyendo esto, seguro ya traes la cosquillita de tocar la lira o ya la andas tocando, pero quieres hacerlo con más filin, menos tensión y más corazón.
Este no es un manual de técnica fría ni de ejercicios matadores, eso lo dejamos mi primo el Ottis.
Aquí no hay teoría que te duerma ni lenguaje estirado.
Lo que tienes en tus manos es otra cosa:
una colección de netas, de aprendizajes que me costaron años, ampollas, dolores de espalda y hasta un par de lágrimas en tocadas donde la regué.
Escrito con callo, con memoria, y con la guitarra en el regazo.
Esto es pa’ ti, que quieres tocar sin chingarte el cuerpo.
Pa’ ti, que sabes que la música no sale nomás de los dedos…
sino del cuerpo completo, de la respiración, del silencio…
y sobre todo, de lo que te dices por dentro cuando nadie ve.
Aquí te vas a encontrar con recomendaciones chidas, directas, prácticas,
pero también con momentos pa’ respirar, pa’ pensar, pa’ sentir.
Porque tocar la guitarra no es nomás mover los dedos.
Es conectar con lo que eres, y compartirlo sin miedo.
Así que bienvenido, bienvenida, bienvenide a este viaje.
Agárrate un cafecito, una chela, un pulque, lo que prefieras…
Y vamos a entrarle sabroso a esto de tocar la lira con alma, sin pena y con estilo.
Nos vemos en cada página.
Y como siempre digo:
“No vengo a impresionar… vengo a compartir.”
ÍNDICE
Recomendaciones chidas para tocar la guitarra
por El Piter López
Introducción
No es clase, es confesión. No es método… es barrio.
Capítulo 1
Escucha a tu cuerpo cuando toques, mi chavo
Porque si no lo escuchas, un día te grita. Y gacho.
Capítulo 2
No te sientes como costal de papas, mi chavo
La postura buena no es de etiqueta… es de respeto a tu música.
Capítulo 3
Respira, carnal… que sin aire no hay ritmo
El sonido empieza antes de tocar: empieza en tu aliento.
Capítulo 4
No te pelees con la guitarra, déjala ser
Entre más la domines, menos canta. Entre más fluyas… más vibra.
Capítulo 5
Lo que te dices en la cabeza… suena en tus dedos
Tu diálogo interno también está amplificado.
Capítulo 6
Mi ritual secreto pa’ calmar los nervios y tocar con alma
Un momento contigo antes de entregarte al sonido.
Capítulo 7
La frase que me digo antes de tocar… y que me cambia todo
“La música no es para competir… es para compartir.”
Capítulo 8
El gesto secreto que hago antes de tocar… y que cambia mi energía
Una mano en el pecho, una memoria, y entra el alma.
Capítulo 9
Toca con intención… o no toques nada
Si no sabes pa’ qué tocas, tu música tampoco.
Capítulo 10
El ejercicio mental que le da alma a tu guitarra
Toca para alguien. Así todo cambia.
(Y aquí termina esta primera vuelta, pero ya se viene la segunda…)
#Capítulo 1: “Escucha a tu cuerpo cuando toques, mi chavo”
por El Piter
¿Qué tranza, mi bandita preciosa?
Soy El Piter, guitarrista de corazón, sobreviviente de banquetas y enemigo número uno del dolor de espalda guitarrero.
Y hoy te voy a decir algo que nadie me dijo cuando empecé a tocar:
👉 Si no escuchas a tu cuerpo cuando estás tocando la lira… tu cuerpo te lo va a gritar. Y gacho.
Mira, yo antes pensaba que tocar era nomás mover los dedos bien machín, clavar el acorde, sacar el solo y que se viera bonito pa’ la banda. Pero no sabía que, por dentro, me estaba cocinando lento como carnitas en cazo. Hombros duros, cuello hecho nudo, muñeca como si cargara el cilindro de gas… y yo nomás diciéndome: “es que así se toca bien”.
Nel.
Un día me tronó la muñeca en plena rola, en vivo. Me aguanté el dolor como los mariachis en los velorios, pero desde ahí dije: “a ver, Piter… ¿qué andas haciendo, carnal?”
Desde entonces, antes de tocar, me escaneo. Sí, como en el metro, pero sin sonar.
👀 Checo si los hombros no se subieron solitos,
😬 si no traigo la quijada apretada como si mascara piedritas,
🧘♂️ y lo más chido: respiro. Porque si no respiras, no hay ritmo, no hay “filin”, no hay nada.
Tocar la guitarra no es nomás con las manos, es con el cuerpo entero. Y ese cuerpo tiene voz. Si lo escuchas, tocas mejor. Si lo ignoras… te cobra la factura, y con recargos.
Y mira, te voy a decir algo que nadie pela, pero que puede hacer que tu música suene más viva, más tuya, más verdadera…
Pero eso…
👀 Eso te lo voy a contar en el siguiente capítulo.
Así que quédate, que esto apenas está empezando y ya está ardiendo como comal de tianguis.
🎸
Soy El Piter.
Y esto no es solo técnica, carnal. Es cuerpo, calle y corazón.
#Capítulo 2:
“No te sientes como costal de papas, mi chavo”
por El Piter
¿Qué onda, mi gente chula?
Aquí está de vuelta El Piter, el mismo que en el capítulo anterior te soltó una neta como cachetada de realidad:
👉 “Si no escuchas a tu cuerpo cuando estás tocando la guitarra, él te va a gritar… y gacho.”
Y si no lo has escuchado todavía, neta te lo recomiendo, carnal. No por presumir, pero ahí te cuento una historia que me cambió la manera de tocar y hasta de vivir. Porque a veces uno se clava tanto en sacar la rola, en sonar perrón, que se le olvida lo más básico: el cuerpo también toca.
Así que si estás llegando directo a este capítulo, date el regreso cuando puedas, ¿va? Está cortito, sabrosón y con pura neta de barrio pa’ músicos de corazón.Y si ya lo leíste, ¿qué te pareció?, ¿te revisaste a la hora de tocar?
Ahora sí…
Hoy vamos a hablar de algo que parece simple, pero que se siente como cimiento mal puesto en casa vieja:
👉 la postura.
Sí, carnal: cómo te sientas.
Y no hablo de si cruzas la pierna o si te ves elegante pa’l Insta. Nel pastel, yo hablo de verdad: de cómo pones tu cuerpo antes de poner las manos sobre la guitarra.
Mira, yo antes me sentaba como se me daba la gana: todo jorobado, tirado en la silla, a veces con la guitarra en la cama o en el suelo, y con el cuello más torcido que los cables de mis audífonos chafas.
Y pos claro… la espalda tronaba, la mano se cansaba, el sonido salía flojo. Pero yo ni en cuenta. Según yo, estaba practicando. Pero no estaba tocando, estaba sobreviviendo.
Y es que nadie te enseña eso al principio. Te dicen cómo va el acorde, cómo mover los dedos… pero ¿cómo sentarte? Nadie carnal, carnalita.
Hasta que un día, en plena sesión, la espalda me dio un jalón tan sabroso que sentí como si me estuvieran arrancando el alma por la rabadilla. Me paré, me sobé, y ahí me cayó el veinte:
Tocar la guitarra sin una buena postura es como cantar con la boca cerrada.
Nomás no fluye (a menos que seas “ventrículo”).
Así que me puse frente al espejo. Me senté bien.
🪑 Pies firmes en el suelo.
🧍♂️ Columna derecha, pero sin estar tieso como soldado.
🎸 Guitarra bien acomodada, ni muy arriba ni muy abajo, como quien abraza a una vieja amiga.
Y empecé a tocar.
Y no, no soné como Santana de un día pa’ otro, pero todo se sintió distinto. Más cómodo. Más mío. Más libre.
Porque, carnal, cuando te sientas bien…
👉 tus manos fluyen,
👉 tus hombros se relajan,
👉 tu música respira.
Y lo mejor: puedes tocar más tiempo sin cansarte, sin dolerte, sin andar de mártir musical.
Así que escúchame bien:
❌ No te sientes como costal de papas.
✅ Siéntate como quien tiene algo importante que decir.
Porque eso es tocar: decir algo sin palabras, con todo el cuerpo.
Y si no sabes por dónde empezar, aquí va el consejo de barrio:
- Busca una silla que no esté muy baja.
- Que tus pies toquen el suelo parejo.
- Que la espalda se sienta suelta, no como si cargaras el mundo.
- Y la guitarra… que no te pese, que se acomode como si siempre hubiera sido parte de ti.
Y luego, respira.
Toca.
Y escucha cómo cambia todo.
Ahora, hay algo que pasa cuando tu postura es la correcta. Algo que no se ve, pero se siente.
Un detalle que conecta tu cuerpo con algo más profundo…
Y que, sin saberlo, puede hacerte tocar mejor, vivir mejor y sentir mejor.
👀 Pero eso… eso te lo cuento en el próximo capítulo.
🎸
Soy El Piter, y esto no es nomás una serie de tips…
Esto es un viaje pa’ tocar bonito, pa’ tocar con alma.
Nos vemos en el próximo episodio:
💨 “Respira, carnal… que sin aire no hay ritmo, y sin ritmo no hay vida.”
🎙️🎸
#Capítulo 3:
“Respira, carnal… que sin aire no hay ritmo”
por El Piter
¿Qué onda, mi gente linda, mi banda chula, mi raza sonora?
Aquí está otra vez El Piter, con la lira en las manos y la neta en la lengua.
Si vienes de los capítulos anteriores, sabes que ya hablamos de dos cosas que no vienen en ningún método elegante:
📍 En el primer capítulo te conté cómo escuchar al cuerpo puede evitarte dolores, frustraciones y hasta lesiones.
📍 En el segundo te abrí el canal con lo de la postura, porque si te sientas como costal de papas, pos tu música va a sonar igual: apachurrada y sin ganas.
Y si no los has escuchado, neta date el tiempo, carnal. Porque esto no es nomás pa’ guitarristas…
Esto es pa’ cualquiera que quiera hacer las cosas con presencia, con cuerpo, con alma.
Y hoy…
Hoy vamos con algo que parece invisible, pero que lo cambia todo:
👉 La respiración.
Así es ésele.
Esa cosa que haces sin darte cuenta… y que, si la haces con conciencia, puede transformar cómo tocas, cómo piensas y hasta cómo sientes.
Te cuento una neta:
Cuando yo empecé a tocar en serio, me pasaba que cada vez que venía una parte difícil —ya sabes, esas secciones llenas de ligados, trinos o cejillas imposibles— me empezaba a tensar.
Y lo peor: ¡dejaba de respirar!
Sí, como si mi cuerpo dijera: “aguanta tantito el aire, nomás en lo que pasa este infierno…”
Y así me aventaba pasajes enteros como si estuviera buceando en el Viaducto. 😵💫¡chaaaale¡
¿Y qué crees?
Todo sonaba feo. Tieso. Forzado.
Yo acababa agotado, frustrado… y lo peor: sin disfrutar la música.
Hasta que un día, un maestro me soltó una frase que me cambió la vida:
💬 “Piter, si no respiras, no estás tocando… estás sobreviviendo.”
Y ¡zaz! Se me abrió el panorama.
Ahí fue cuando empecé a probar algo diferente:
Antes de tocar, me quedo en silencio…
Cierro los ojos tantito…
Inhalo lento por la nariz, como si oliera pan recién hecho en la colonia…
Y exhalo suave, como si estuviera apagando una velita chiquita.
Y luego sí, agarro la guitarra…
y la música fluye con más sabor, más calma, más verdad.
Porque la respiración no solo te relaja, te conecta.
Con tu cuerpo, con tu mente, con el presente.
Y cuando tocas desde ese lugar, ya no estás peleando con la guitarra.
Estás conversando con ella.
Por eso, carnal:
💨 Respira.
Respira antes, durante y después.
Respira incluso cuando no estás tocando, pero estás pensando en tocar.
Respira como quien se da permiso de estar vivo.
Y si en medio de una rola te das cuenta que te estás ahogando en tensión, ¡haz una pausa!
Inhala.
Exhala.
Y vuelve a entrarle como quien regresa a casa.
Ahora, te voy a soltar una joyita extra…
Porque descubrí que si respiras bien, puedes controlar algo que muy pocos guitarristas trabajan conscientemente.
Y no es la velocidad.
No es la técnica.
Ni el tempo.
Es algo más poderoso, que puede transformar completamente tu sonido y tu presencia escénica…
👀 Pero de eso, mi carnal, te voy a hablar en el siguiente capítulo.
🎸
Soy El Piter,
y te digo con toda la buena vibra:
Tocar no es solo apretar cuerdas,
es respirar con intención,
sentir con el cuerpo
y decir con el alma.
Nos vemos en el próximo episodio:
🎶 “El sonido no está en los dedos… está en cómo habitas el silencio.”
🎙️🎸
#Capítulo 4:
“No te pelees con la guitarra, carnal… déjala ser”
por El Piter
¿Qué onda, mi gente?
Aquí El Piter, de vuelta, como cada capítulo, con la lira en el regazo y el barrio en la voz.
Si ya vienes siguiendo esta serie, sabes que esto no es solo un cursito de guitarra,
esto es una terapia corporal con alma de bolero, una serie de confesiones guitarrísticas contadas al calor del mezcal.
Ya te conté en el capítulo 1 que si no escuchas a tu cuerpo, te traiciona,
en el 2 te hablé de la postura,
y en el 3 te conté cómo la respiración puede convertir una rola tiesa en una interpretación con alma.
Y hoy, mi carnal, mi carnala, vamos a hablar de algo más invisible todavía,
pero más peligroso que tocar con las cuerdas oxidadas:
👉 La manía de controlar todo.
Sí. Ese impulso que tenemos de querer dominar la guitarra como si fuera un animal salvaje.
¡Pero nel!
La guitarra no es tu enemiga, compa… es tu aliada.
Yo antes creía que entre más fuerte apretara las cuerdas, más claro iba a sonar.
Que si me concentraba duro-duro en cada nota, no iba a fallar.
Que si mantenía el cuerpo tenso como gato en el periférico, todo iba a salir perfecto.
¿Y qué pasaba?
❌ Me salían los errores más feos.
❌ Me dolían los hombros como si cargara el gas LP.
❌ Y encima, la música sonaba fría, mecánica… sin alma.
Hasta que un día, una señora de esas que venden tamales en la esquina, me vio tocar y me dijo:
💬 “Muchacho, ¿por qué tocas como si estuvieras peleando?”
Y ¡pum!, me voló la tapa del cerebro.
Ahí entendí que la guitarra no se domina… se acompaña.
Que no se trata de imponer, sino de permitir.
Dejar que la cuerda vibre.
Dejar que el brazo fluya.
Dejar que el sonido respire.
Y sí: dejar que la música suceda, no forzarla.
Porque cuando aflojas ese control loco,
cuando sueltas esa necesidad de hacerlo “perfecto”,
empiezas a tocar desde otro lugar…
👉 desde la confianza.
Es como bailar con alguien que te gusta:
No vas empujando. No vas jalando.
Solo te dejas llevar, escuchas el ritmo… y fluyes.
Así mero es con la guitarra.
Y ojo, esto no es “tocar flojo”.
No confundas.
Esto es tocar con inteligencia, con sensibilidad, con “filin”.
Es permitirle al cuerpo hacer lo que sabe hacer sin estorbarle.
Porque a veces, el que más estorba… eres tú mismo.
Y cuando dejas ser, cuando sueltas el puño, el hombro, el juicio y el miedo…
entonces la guitarra canta.
Y cuando canta, no hay quien no escuche.
Ahora…
Esto que te estoy diciendo, se vuelve todavía más poderoso
cuando entiendes algo que muy poca banda sabe:
👉 La forma en que piensas mientras tocas… afecta cómo suena lo que tocas.
¿A qué me refiero?
👀 Eso te lo cuento en el siguiente capítulo, carnal.
🎸
Soy El Piter,
y te digo con toda la humildad del callejón:
no toques como quien pelea,
toca como quien se encuentra.
Nos vemos en el próximo episodio:
🧠 “Lo que te dices en la cabeza… suena en tus dedos.”
🎙️🎸
#Capítulo 5:
“Lo que te dices en la cabeza… suena en tus dedos”
por El Piter
¿Qué onda, mi raza sabrosa?
Aquí El Piter, regresando con más flow que camión con cumbión bien loco en domingo.
Si vienes siguiéndome desde el capítulo uno, ¡gracias, carnalito, carnalita!
Ya llevamos una vuelta por la neta del cuerpo:
🎯 Escuchar tus señales,
🪑 sentarte bien,
💨 respirar con conciencia
🤲 y soltar el control.
Y si no los has escuchado, te los recomiendo como un taquito de barbacoa después de misa.
Porque todo lo que te vengo diciendo no es nomás pa’ que toques mejor, es pa’ que vivas con más estilo, más equilibrio… más tú.
Pero hoy, hoy nos vamos al mero centro del asunto:
👉 lo que te dices adentro… se escucha afuera.
Sí, así de directo, así de neta.
La voz interna, el diálogo contigo mismo, influye en tu sonido.
Y no me refiero a lo que sale por la boca,
sino a lo que susurras en silencio cuando estás tocando.
Te cuento una anécdota real:
Un día estaba en un ensayo, tocando una pieza que me tenía todo estresado.
Me temblaban los dedos, me sudaban las manos, y por dentro yo iba pensando:
“No la vayas a regar… no la vayas a regar… la vas a regar.”
¿Y qué crees?
Pos sí, la regué.
Y gacho.
Y no fue por falta de técnica, fue porque yo mismo me saboteé desde adentro.
Ahí me cayó un rayo de barrio en la cabeza:
💡 “Piter, tu mente es parte del cuerpo que toca. Lo que piensas, vibra.”
Entonces empecé a cambiar el diálogo.
En vez de pensar “no la riegues”, empecé a decirme:
👉 *“Vas bien.”
👉 *“Escucha.”
👉 *“Siente.”
👉 “Confía.”
Y, carnal… no sabes lo que pasó.
El sonido se volvió más fluido.
El cuerpo más relajado.
Y por primera vez en mucho tiempo…
🎶 sentí que estaba tocando desde el alma, no desde el miedo.
Porque, chécalo:
Si mientras tocas te estás juzgando, exigiendo, empujando…
lo que suena es rigidez.
Pero si te acompañas con cariño, con compasión, con confianza…
lo que suena es música viva.
Así que el mensaje de este capítulo es claro:
🧠 Tu diálogo interno es parte de tu técnica.
👉 Háblate bonito.
👉 No te exijas como tirano.
👉 Sé tu mejor compa cuando estás con la lira.
Ahora…
Hay un truco que aprendí hace poco, una herramienta mental
que me ayuda a convertir la ansiedad en energía creativa
cada vez que subo a un escenario o me pongo a grabar.
Un ritual mental. Un “switch”.
Y te juro que desde que lo hago… ya no toco igual.
👀 ¿Quieres saber cuál es?
Te lo cuento en el siguiente capítulo.
🎸
Soy El Piter,
y te recuerdo, carnalito:
no toques solo con las manos,
toca con la voz que habita dentro de ti.
Nos vemos en el próximo episodio:
🔥 “El ritual secreto para calmar los nervios y tocar con alma.”
🎙️🎸
#Capítulo 6:
“Mi ritual secreto pa’ calmar los nervios y tocar con alma”
por El Piter
🎤 “¡Qué tranza, mi gente!
Aquí El Piter…
el que no se aprendió el círculo de quintas de primeras,
pero aprendió a tocarle al amor, al desmadre y al silencio.
Si traes nervios antes de tocar, este capítulo es pa’ ti.
Porque hoy te voy a contar mi ritual secreto…
el que me salva cada vez que el escenario se siente más grande que yo.”
¿Te ha pasado, carnal, que estás a punto de tocar y sientes que el mundo se te viene encima?
💢 Las manos sudan.
💢 El estómago se retuerce.
💢 Te entra la duda: “¿Y si la riego?”
A mí me ha pasado. Mil veces.
Tocando en plazas, en callejones, en bodas, en funerales…
Y siempre hay un momento en que la mente quiere huir.
“No estoy listo”, “me van a juzgar”, “la voy a cagar.”
Pero ahí fue donde inventé mi ritual.
No es nada místico, ni necesitas incienso.
Solo necesitas a ti mismo… y tres cosas bien sencillas.
👉 Uno: Me salgo tantito del ruido.
Así esté en backstage, banqueta o callejón, me busco mi rinconcito.
Aunque sea con dos pasos pa’ la izquierda.
👉 Dos: Respiro. Pero de verdad.
Inhalo hondo como si oliera pan de dulce en la madrugada.
Y exhalo lento, como cuando te relajas después de un taco de suadero bien grasoso.
👉 Tres: Me digo algo bonito.
Sí, aunque suene cursi.
Me digo:
“Ya hiciste lo tuyo. Ahora suéltalo.”
“No vienes a competir, vienes a compartir.”
“Toca como si fuera la última vez. Pero sin miedo.”
Y luego, carnal, me mojo tantito los dedos, sacudo los hombros…
y agarro la guitarra como si fuera un abrazo.
Ahí ya no hay público.
No hay error.
No hay ego.
Solo hay música.
Y yo.
Y el momento.
Ese es mi ritual, mi escudo, mi ancla.
Y no falla.
Porque más allá del talento, más allá del ensayo,
lo que realmente te salva es cómo entras a la batalla.
Y yo entro con respeto, con gozo y con flow.
Ahora…
Hay algo que descubrí después de repetir este ritual por años:
Una pequeña frase, como un código secreto,
que me digo justo antes de poner los dedos en las cuerdas.
Una frase que me cambia el cuerpo, el ritmo y hasta la mirada.
Y esa, mi carnal,
👀 te la suelto en el siguiente capítulo.
🎸
Soy El Piter,
el que no busca perfección,
sino presencia.
Nos vemos en el próximo episodio:
🗣️ “La frase que me digo antes de tocar… y que me cambia todo.”
🎙️🎸
#Capítulo 7:
“La frase que me digo antes de tocar… y que me cambia todo”
por El Piter
🎤 “Qué tranza, mi gente linda…
Aquí otra vez El Piter,
trayendo verdades que no venden en las tiendas de música,
pero que se sienten hasta en los huesos.
Hoy vengo a contarte algo chiquito… pero poderoso.
Algo que, cada vez que agarro la lira,
me recuerda pa’ qué chingados hago esto.”
Si has venido siguiendo estos capítulos, carnalito, ya sabes de qué va todo esto:
Primero aprendimos a escuchar al cuerpo.
Luego a sentarnos como quien va a decir algo importante.
Después, a respirar como quien saborea la vida.
Y hace poquito te conté mi ritual secreto pa’ calmar los nervios antes de tocar.
Pero hay un detalle más…
Una joyita que descubrí después de cagarla, corregir, llorar, reír, volver a cagarla y volver a corregir.
Un detalle que ahora es mi amuleto personal.
Antes de poner los dedos en las cuerdas, siempre, siempre me digo esta frase:
✨ «No vengo a competir… vengo a compartir.»
Así, directo, sin adornos.
Cada vez que subo al escenario, cada vez que agarro la guitarra en una peda, en una boda, en un funeral o en la pinche azotea de mi barrio…
me recuerdo eso.
Porque si entro pensando “tengo que tocar perfecto”, me bloqueo.
Si pienso “ojalá les guste”, me vuelvo un títere de la ansiedad.
Pero si me acuerdo que vengo a compartir, todo cambia.
🎸 El cuerpo se suelta.
🎸 La mente se calla.
🎸 El alma se enciende.
Tocar no es para demostrar que sabes.
No es para buscar aplausos ni para callar bocas.
Es para abrir el corazón y decir: “Esto soy. Esto siento. Esto tengo para ti.”
Y cuando tocas desde ahí, carnal…
La gente lo siente.
No importa si te equivocas en una nota.
No importa si la voz se te quiebra tantito.
Importa que eres real. Que no escondes ni finges.
Esa frase me ha salvado de cientos de batallas internas.
Y te la regalo, chido, de corazón a corazón:
👉 Antes de tocar, dite a ti mismo:
«No vengo a competir… vengo a compartir.»
Ahora…
Te voy a confesar algo:
Después de decirme esa frase, hago una cosita más.
Una acción física, pequeñita, rápida, pero que me conecta todavía más profundo…
con el momento, con la guitarra, y conmigo.
👀 ¿Quieres saber cuál es?
Te la suelto en el próximo capítulo, carnal.
🎸
Soy El Piter,
y aquí andamos, construyendo música no pa’ brillar más…
sino pa’ brillar juntos.
Nos vemos en el próximo episodio:
🤲 “El gesto secreto que hago antes de tocar… y que cambia mi energía.”
🎙️🎸
#Capítulo 8:
“El gesto secreto que hago antes de tocar… y que cambia mi energía”
por El Piter
🎤 “Qué onda, bandita querida…
Aquí El Piter otra vez,
con el corazón en la garganta y la guitarra en las piernas.
Si ya llegaste hasta este capítulo,
sabes que esto no es método ni cursito.
Es un viaje con alma, cuerda y calle.”
En el capítulo pasado te conté una frase que me salva siempre que voy a tocar:
✨ “No vengo a competir… vengo a compartir.”
Y hoy te quiero contar algo más.
Algo pequeñito.
Algo que parece insignificante.
Pero que, carnal… me cambia la energía. Me pone en modo alma.
Es un gesto que hago siempre antes de tocar.
Y aunque nadie lo nota,
yo sé que en ese momento entro a otro estado.
Aquí va:
✋ Coloco mi mano derecha sobre el corazón.
Cierro los ojos…
y me imagino la primera vez que toqué una canción que me hizo sentir algo real.
Esa rola que me salvó,
que me hizo llorar,
o que me recordó que sigo vivo.
Y en ese microsegundo…
🎵 me acuerdo por qué amo esto,
🎵 por qué sigo tocando,
🎵 por qué, aunque a veces duela, la música me mantiene de pie.
Después abro los ojos…
Acomodo la guitarra…
Y toco.
Ya no como músico… sino como ser humano con una historia que contar.
Ese gesto, hermano…
esa mano sobre el pecho…
me devuelve al origen.
A ese morrito que soñaba con que su guitarra hablara por él.
Y cada quien puede encontrar su gesto, ¿eh?
El mío es ese. El tuyo puede ser cerrar los ojos, besar la guitarra, mirar al cielo o acariciar las cuerdas como quien acaricia una memoria.
Lo que importa es que lo sientas de verdad.
Ahora…
Hay algo que me empezó a pasar después de hacer este gesto por varios años:
Cuando toco en ese estado, la gente se queda callada.
Y no por respeto.
Sino porque sienten algo.
Porque cuando uno toca desde lo verdadero… se crea magia.
Y eso tiene que ver con algo que va más allá del cuerpo, de la mente, de la técnica…
Tiene que ver con la intención.
👀 Y de eso te voy a hablar en el próximo capítulo.
🎸
Soy El Piter,
y sigo compartiendo esto pa’ que toques chido,
no como robot, sino como quien deja el alma en cada acorde.
Nos vemos en el próximo episodio:
🔥 “Toca con intención… o no toques nada.”
🎙️🎸
#Capítulo 9:
“Toca con intención… o no toques nada”
por El Piter López
🎤 “¿Qué pasó, bandita de corazón?
Soy El Piter López, y este ya es el capítulo 9…
así que si sigues aquí, es porque traes cuerda pa’ rato.
En el episodio pasado te conté el gesto que hago antes de tocar…
esa mano sobre el pecho, ese regreso al origen.
Hoy vamos a hablar de algo que no se ve, pero se escucha en cada nota:
la intención.”
Mira, carnal…
yo he visto músicos que tocan perfecto.
Impecables. Ni una nota chueca. Ni una entrada tarde.
Pero aún así… no me dicen nada.
Y he escuchado otros que se tropiezan, que desafinan tantito…
pero que te llegan al alma como si te estuvieran abrazando por dentro.
La diferencia está en una sola cosa:
👉 la intención.
Tocar con intención es saber pa’ qué estás tocando.
Es preguntarte antes de cada rola:
— ¿Qué quiero decir?
— ¿A quién se lo quiero decir?
— ¿Qué historia voy a contar?
Porque si nada más estás tocando por tocar…
pos no estás tocando, mi chavo.
Estás haciendo ejercicio.
Tocar con intención es lo que hace que un silencio pese más que un solo.
Es lo que hace que una nota suene como caricia o como reclamo.
Y no necesitas ser poeta pa’ hacerlo, ¿eh?
Solo necesitas estar presente.
Saber por qué estás ahí.
Y tocar como si lo que vas a decir fuera lo último que vas a tocar en tu vida.
Yo, por ejemplo, cuando toco una rola triste, no pienso en la técnica.
Pienso en ese amor que se fue.
En esa noche en la que me sentí solo.
Y entonces… la cuerda vibra diferente.
Porque ya no es solo un sonido, es una emoción traducida.
Así que la próxima vez que agarres la guitarra, no empieces a tocar como si fueras a calentar.
No.
Detente.
Piensa:
— ¿Qué quiero transmitir?
— ¿Qué historia le voy a contar a quien escuche esto?
Y desde ahí… toca con todo.
Ahora…
Hay un ejercicio que hago para entrenar la intención.
No tiene que ver con escalas.
Ni con metrónomo.
Pero te conecta con el corazón…
y hace que cada rola tuya tenga peso, alma y verdad.
👀 Y ese ejercicio… te lo cuento en el siguiente capítulo.
🎸
Soy El Piter López,
el que prefiere una nota con alma que mil sin sentido.
Nos vemos en el próximo episodio:
🧠 “El ejercicio mental que le da alma a tu guitarra.”
🎙️🎸
#Capítulo 10 (y cierre de esta vuelta):
“El ejercicio mental que le da alma a tu guitarra”
por El Piter López
🎤 “Qué onda, mi raza…
Soy El Piter López, y con este capítulo llegamos al final de esta primera vuelta.
Diez capítulos, diez confesiones, diez recomendaciones netas pa’ que toques la lira
no como robot… sino como quien se la juega con cada nota.
Hoy te dejo con uno de los ejercicios más poderosos que conozco:
tocar con una persona en el corazón.”
Hay días en los que uno toca en automático.
Te sabes la rola, conoces los acordes,
pero no sientes nada.
Y ahí es donde yo aplico mi truco mental, que no es truco… es cariño.
Antes de tocar, respiro y me pregunto:
¿A quién va dedicada esta rola?
Puede ser alguien que quiero, alguien que extraño…
o hasta ese morrito que fui, el que tocaba con los ojos cerrados en el patio,
soñando con sonar en algún lugar donde lo escucharan de verdad.
Y cuando toco desde ahí…
la música ya no es sólo sonido.
Es mensaje. Es carta. Es abrazo.
Haz la prueba.
Toca para alguien, con alguien en mente, investiga el origen de la canción si no es tuya, y si lo es, recuerda lo que te inspiró a componerla
y verás que hasta las notas sencillas se vuelven poesía.
Y bueno, carnal…
con esto terminamos este primer tramo del viaje.
No sabes lo que significa pa’ mí haber compartido estos capítulos contigo.
Si llegaste hasta aquí, no sólo traes ganas de tocar…
traes alma de músico. Y eso se respeta.
Pero esto no termina aquí, ¿eh?
Nel.
Este es solo el primer folleto.
Una primera ronda de netas.
Ya estoy cocinando lo que sigue:
Un segundo manual que arranca con el Capítulo 11 y que se va a poner todavía más profundo, más sabroso y más callejero.
Ahí vamos a hablar de cómo escuchar mejor, de cómo componer desde la herida,
de cómo encontrar tu propio sonido…
y de cómo no perderte cuando la música se convierte en rutina.
Así que gracias, carnalito, carnalita, por llegar hasta aquí.
Gracias por abrir este manual,
por leer con el corazón,
y por confiar en este loco que no toca perfecto,
pero sí toca de verdad.
🎸
Soy El Piter López,
y no vine a enseñarte técnica.
Vine a compartir camino.
Nos vemos pronto, en la siguiente vuelta…
donde la guitarra ya no será sólo instrumento,
sino espejo.
“No vengo a competir… vengo a compartir.”
